La comunicación entre padres e hijos

La comunicación entre padres e hijos
La comunicación entre padres e hijos

Desde el nacimiento un bebé es un ser de lenguaje, muchas de sus dificultades, una vez puestas en palabras, se resuelven del mejor modo en el desarrollo de ese niño. Por pequeño que sea, un niño al que el padre o la madre le hablan de las razones que conocen o que suponen de su sufrimiento, es capaz de superar la prueba conservando la confianza en sí mismo y en sus padres. Desde edad temprana el niño es ser de lenguaje ya que está abierto al sentido del lenguaje, así como al sentido humanizante de la palabra, que se le dirige con compasión y verdad a su persona. En esa palabra el niño encuentra una sensación de seguridad y de pacificación coherente más que en los gritos, las reprimendas, los golpes, destinados a hacerlo callar, que a veces logran su objeto.

Los niños muy pequeños expresan su sufrimiento con disfuncionamientos vicerales, digestivos, pérdida del apetito y del sueño, agitaciones o apatías, si no es mediante una indiferencia general a todo y la pérdida del gusto por jugar y alborotar; el retrazo en el desarrollo del lenguaje, los trastornos de motricidad, las perturbaciones de carácter son signos mas tardíos de la pérdida de comunicación lingüistica con el ambiente. Estos fenómenos precoces muchas veces son completamente ignorados por los adultos, que se contentan con esperar a que llegue la edad escolar aplicando castigos, dando calmantes a los niños molestos porque un día un médico les indico ese medicamento del que se valen desde entonces cotidianamente. Dando lugar a que éstas situaciones se vayan agravando o que busquen un nuevo camino en el que manifestar su malestar.

Precisamente esta comunicación humanizada se olvida con frecuencia en nuestros días cuando se trata de los niños, testigos constantes de la pareja parental y privados de la palabra dirigida a su persona. Esta falta de palabra ocurre con frencuencia en familias en las que los padres se ven con dificultades para compartir su tiempo con el niño, a veces excusados en sus excesivas horas de trabajo, o inadecuada organización de tareas a realizar. El niño, en estos casos, queda al cuidado en guarderías en períodos de muchas horas o asistiendo a numerosas actividades extraescolares, espacios con otras funciones, importantes también pero que no reemplazan la comunicación familiar. Familias en las que se evidencia la falta ese adulto que sabe hablar, cantar, acunar, reconciliar al niño consigo mismo, en la tolerancia que muestra a sus manifestaciones de sufrimiento.

No es esta función de la escuela o guardería, esta es una función más íntima, familiar, que aporta un sostén para que el futuro desarrollo del niño pueda seguir su cause. Esa persona que sabe responder con sinceridad a todas las preguntas de un niño, despertar su inteligencia a la observación, al razonamiento, al sentido crítico.

Esa avidez de comunicación siempre existió y continúa existiendo, porque lo propio del ser humano estriba en expresarse y en buscar, a través de las barreras de la edad y de la lengua una comunicación con los demás, y también es propio del ser humano sufrir por su impotencia si no puede hacerlo y por la impropiedad de sus medios.

Algunas situaciones familiares son demasiado delicadas, entran en juego demasiados procesos inconscientes en las pérdidas de comunicación dentro de una familia, para que los padres puedan volver a encontrar la serenidad necesaria para este tipo de reflexión; tanto más cuanto que los padres en dificultades esperan de sus hijos y de sus éxitos el consuelo a sus propios fracasos personales o ilusiones incumplidas. En esos casos una consulta al psicoanalista puede ayudar a los padres que se encuentran en dificultades de expresarse, a reflexionar acerca del sentido de las dificultades de sus hijos. Para ayudarlos a comprender a sus hijos y a socorrerlos en lugar de hacerlos callar o ignorar los signos de sufrimiento infantil

María Laura Esteban

Lic. en Psicopedagogía - Orientación psicoanalítica