
Algunas personas que consultan por motivos propios o de alguien querido pidiendo ayuda al psicoanalista, vienen aconsejadas por su médico, educador o por alguien que observa las dificultades que deben enfrentar pero que no puede ayudarlas en forma directa. Otras han oído hablar sobre esta técnica terapéutica, han leído al respecto, han visto en diferentes películas o conocen a alguien que se analiza. Al iniciar una consulta, el adolescente o adulto que llega, habla de la misma forma que hablaría a cualquiera. Sin embargo, la manera de escuchar del psicoanalista es un llamado a la verdad más íntima, profunda de su propia actitud fundamentalmente frente al paso que están dando y que muestra ser completamente diferente a todo otro contacto con psicólogos, educadores o médicos. Todos estos profesionales de la salud que responden a nivel del fenómeno manifiesto, del síntoma (que tiene características diferenciadas y observables -inhibiciones, ansiedad, etc.-) mediante la utilización de dispositivos de ayuda específicos, recomiendan medidas terapéuticas o correctoras reeducativas que funcionan como aparto ortopédico, externas y ajenas al sujeto que sufre. Por el contrario, para el psicoanalista, lo que importa no es tal o cual síntoma en sí mismo, no es la satisfacción o la angustia de los padres- que, puede ser completamente sana y justificada- ante un joven o niño del que se sienten responsables, sino lo que el síntoma significa para el que, con tal o cual conducta, actualiza el sentido fundamental de su dinámica, y las posibilidades de futuro que, para este sujeto, pueden estar comprometidas, afectadas.
Cualquiera sea el estado actual deficiente o alterado, el psicoanalista intenta oír detrás de ese sujeto que habla, intentando llegar al sufrimiento que es causa de esa señal manifiesta en su síntoma, engendrado en un deseo que la angustia autentifica y oculta a la vez atrapada en el cuerpo (somatizaciones), en la inteligencia. Hasta el primer encuentro con el psicoanalista, el "problema", se plantea siempre en relación con aquellos aspectos que los patrones esperables determinan en cada sociedad, en el ámbito escolar, etc. Por ejemplo, el éxito escolar siempre parece ser en sí mismo un fin positivo, y también parecen serlo la ausencia de trastornos de carácter molestos para la tranquilidad de lo que rodea al sujeto. Ahora bien, para el psicoanalista éstos sólo tienen un valor cultural auténtico si el sujeto es efectivamente creativo y no está sometido a las exigencias de los adultos.
Si la comunicación afectiva, verbal, y psicomotora que establece con su medio es propia de su edad, si está protegido contra tensiones internas, liberado, al menos en sus pensamientos y juicios, de la dependencia frente al deseo del otro. Si se siente cómodo en el trato con compañeros de ambos sexos, si es capaz de amar y ser amado, de imaginar e idear, si puede comunicar sus sentimientos y enfrentar frustraciones y las dificultades cotidianas de todo tipo. Por ello, "el problema" es mera señal de donde empezar a desmenuzar y comprender el sentido de esta angustia, es el punto de partida no es el objetivo de intervención. Es el psicoanalista en su trabajo, el que permite que las angustias y los pedidos de ayuda de los padres, de los jóvenes, del adulto, sean reemplazados por el problema personal y específico del deseo más profundo del sujeto que habla. Este efecto lo logra gracias a su escucha atenta y a su no respuesta directa al pedido que se le hace de actuar para lograr la desaparición del síntoma y calmar la angustia. "Presencia humana que escucha, ese es el rol del psicoanalista. Al suscitar la verdad del sujeto, el psicoanalista suscita al mismo tiempo al sujeto y a su verdad". Luego ya en otra etapa, el de la cura psicoanalítica, el sujeto descubrirá por sí mismo su verdad y la libertad relativa de su posición deseante en relación con su medio, en la transferencia.
La recepción sensible del psicoanalista le permite oír los varios niveles del sentido emocional, existentes en el paciente, y en una forma más aguda de lo que pueden hacerlo los que no han sido psicoanalizados.
María Laura Esteban
Lic. en Psicopedagogía - Orientación psicoanalítica