Actualmente la hiperactividad de ciertos niños, constituye un motivo de consulta frecuente. Parece que las escuelas se han poblado, de modo casi “epidémico” de niños inquietos, que se distraen con facilidad, niños que se muestran desatentos, que presentan obstáculos en la aceptación de normas y conductas impulsivas. Los maestros relatan “no termina las tareas, está de pie todo el tiempo, molesta a los compañeros” Los padres dicen en consulta: “En casa es igual, no para un segundo, es muy atropellado, él quiere hacer todo rápido.”
Ante este pedido, un diagnóstico simplista afirmaría la posibilidad de encontrarnos con un trastorno de gran popularidad en estos últimos años llamado ADHD (Attentional Deficit Human Disorder) o ADD (Attentional Déficit Disorder). En España denominado Trastorno por déficit de atención que puede incluir o no hiperactividad (TDAH), del que se informa de porcentajes en torno del 5 % del alumnado, lo que corresponde a un niño por aula, siendo más frecuente en niños que en niñas, 4 niños por cada niña.
Antes se denominaba Daño Cerebral Mínimo, y los niños que lo sufrían debían recibir un tratamiento farmacológico adecuado junto a un tratamiento psicopedagógico; ahora según la clasificación europea del trastorno expresada en la CIE-10 (clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud), lo denomina Trastorno hipercinético y se aconseja la valoración y tratamiento médico- psicopedagógico.
Este trastorno presenta las siguientes características: exceso de actividad; dificultades de concentración, de atención, problemáticas en el lenguaje; ansiedad, impulsividad, inestabilidad emocional; con la repercusión que estas dificultades provocan en el aprendizaje. Pero la característica más importante, a mi entender, de un diagnóstico apresurado de éste trastorno, es que gracias a su existencia muchos niños son diagnosticados con esta patología, como vía de escape de otras situaciones. De esta forma se descompromete a los niños, a sus familias, a la escuela y a la sociedad en general de lo que está sucediendo. Pasa a ser la solución mágica de “la pastillita”, en donde no hay un momento de reflexión y crítica frente a la forma particular de vida. A veces, las familias desconocen realmente la medicación psicoestimulante que sus hijos reciben, la mayoría a base de anfetaminas. (Metilfenidato conocido como Ritalin o Concerta) y las consecuencias a largo plazo que este consumo puede provocar.
Existen innumerables casos en donde estos signos están presentes y no nos encontramos frente a esta patología, sino que estas dificultades son secundarias o reactivas a situaciones conflictivas del hogar o de la escuela.
Muchas veces estos signos no son percibidos fácilmente, en donde, merced a una particular forma de funcionamiento familiar, la hiperactividad de los hijos, no es vivenciada como problema.
Teniendo en cuenta la cultura actual que fomenta un estilo de vida hiperactivo, que exige una carrera continua para no perder un trabajo, para no quedar fuera del sistema, una cultura del zapping, del recambio tecnológico constante, del todo ya!, del consumo insaciable y de la insatisfacción permanente, ¿se puede descartar la influencia que este entorno puede tener en el favorecimiento de conductas hiperactivas? ¿Qué espacio nos dejamos para autoconocernos, reflexionar sobre las necesidades de la familia, cuidar la salud, el espíritu?
Estos niños que nos son comprendidos en su dificultad, -acusándolos erróneamente de vagos, caprichosos, malcriados- que por otra parte no pueden controlar; suelen entrar en un círculo vicioso de baja autoestima, frustración, rechazo, que conduce a un futuro de mediocridad laboral y social.
Es de vital importancia poder brindarles a los niños con estas dificultades un espacio de ayuda, de contención, de diálogo, para prevenir estas dificultades, y poder darles mejores herramientas para sus futuros aprendizajes. En un trabajo conjunto entre docentes, profesionales de la salud, familias, y el propio niño, podremos construir un pronóstico saludable, que nos permita vivir y desarrollarnos en armonía.
Son manifestaciones de una conducta desatenta:
María Laura Esteban
Lic. en Psicopedagogía - Orientación psicoanalítica