Los padres que atraviesan un momento difícil en su vida (duelo, separación), temen a menudo que sus hijos sufran también. Pero no hace falta atravesar un momento complejo en la familia para que los niños presenten dificultades. Y es a través de estas como los niños manifiestan su sufrimiento.
Un niño al que le cuesta dormir o se orina, a quien sus maestros observan inquieto o desconcentrado, un niño que es rechazado por sus amigos. Todas estas escenas nos muestran diferentes manifestaciones del sufrimiento infantil.
A esta manifestación de que algo sucede o no va bien, se la denomina en Psicoanálisis síntoma. Y un síntoma siempre es una señal que viene a decirnos algo cuyo mensaje es importante comprender para que éste pierda su poder.
Para el Psicoanálisis los síntomas, como formaciones de cada sujeto y en este caso de los niños, no son algo sin importancia, sino que son útiles para entender el modo particular en que cada niño se defiende de sus sufrimientos. El niño no es ajeno a su sufrir, no es una víctima de su enfermedad o de su entorno, sino un sujeto activo que se defiende de las agresiones tanto internas como externas que pueda estar vivenciando.
Una intervención precoz es preferible, porque permite identificar el origen de esta dolencia más fácilmente, aspecto que se complica en los niños que aparentemente son niños modelos en la infancia y luego muestran cambios repentinos y sin supuesto motivo en la adolescencia. Cualquier preocupación justifica pedir una consulta con el especialista, no es cuestión de grados de gravedad sino de sensibilidad y percepción.
Mi intención no es enumerar síntomas por los que consultar pero si poder transmitir formas en las que se manifiesta el sufrimiento infantil, sin perder de vista que cada niño, en su particularidad manifestará sus dolencias psíquicas de un modo particular. Algunos niños lloran con mucha frecuencia, otros se muestran excesivamente tímidos en sus relaciones sociales, algunos sufren de ansiedad, se muestran inquietos e insatisfechos, presentan alteraciones del sueño, de la alimentación, dificultades en sus estudios, de integración con sus iguales.
Algunos sufrimientos, como la inhibición, no son menos intensos que el mal humor que muestran otros niños en sus caprichos repetidos, sino que son todos modos de manifestar el malestar. Otros niños, agresivos con comportamientos provocadores, con malos resultados escolares suelen despertar nerviosismo en los padres y generar, en algunos casos, agresividad en ellos, que lo interpretan como comportamientos intencionados de desobediencia, sin embargo pueden ser señales de que estos niños necesitan ser comprendidos y aliviados. El analista puede ayudar a entender, junto a los padres, que puede querer mostrar ese síntoma, pedido de ayuda del niño. Para en este trabajo conjunto de la familia poder buscar un alivio para sus síntomas.
María Laura Esteban
Lic. en Psicopedagogía - Orientación psicoanalítica